A un año a cargo de la presidencia de Tuxtla Gutiérrez

Fernando Castellanos Cal y Mayor lo tiene claro, “hay ciudades y hay amores que no se separan de ti”. Con esa certeza y el recuerdo constante de experiencias urbanas personales, el presidente municipal de la capital chiapaneca sabe que el valor más importante que le fue heredado y marcó la línea a seguir en su vida personal, es la fe, con la que ha enfrentado todos los retos.
A un año de convertirse en alcalde de Tuxtla Gutiérrez, Fernando acepta platicar sobre diversos temas: su visión y su propia personalidad, revelándose como un ciudadano más con la gran oportunidad y compromiso de sentar las bases del desarrollo de un Tuxtla mejor para sus hijos.

Fernando, ¿qué representa para ti ser tuxtleco y chiapaneco?
Representa un gran orgullo y honor haber nacido en esta tierra, al igual que cientos de miles de mujeres y hombres trabajadores, llenos de fe y esperanza por construir un mejor entorno, pues llevamos en la sangre esas ganas de salir adelante y esa hermandad ante cualquier circunstancia. Me siento muy honrando de ser tuxtleco y chiapaneco porque aquí están mis raíces, mi historia, mi cultura y, sobre todo, mi familia, mi gente. Es cierto que la ciudad y el estado han cambiado en muchos aspectos, por lo que el trabajo y el esfuerzo debe duplicarse. Para eso estamos aquí: para hacer lo que nos corresponde.

¿Qué es para ti la familia?
Una bendición y el motivo más importante para salir adelante. Mi esposa y a mis tres hijos son lo mejor que tengo. Ellos son la razón para trabajar incansablemente en busca del crecimiento y desarrollo de nuestra ciudad y fomentar la unidad y la sana convivencia familiar en Tuxtla. Desafortunadamente yo perdí a mi padre cuando tenía once años y sé lo que se siente no tener a papá en la casa. Por ello, siempre he reconocido a las mujeres que cumplen el doble papel —el de mamá y papá— para que no les haga falta el alimento diario a sus hijos. En lo personal, siempre conté con la ayuda de mi madre, abuela y hermana; a ellas debo completamente mi formación.

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Fernando confiesa que trata de aprovechar cada momento familiar al máximo, tal como lo hiciera en su niñez y juventud, buscando dar ejemplo como esposo, padre e hijo.
Todos los días me despierto muy temprano para revisar los mensajes y llamadas de los responsables de diversas áreas del Ayuntamiento que me honro en presidir. Mientras me preparo para salir a trabajar, mi esposa se encarga de las niñas y el niño. Les da de desayunar para luego llevarlos a la escuela. En el camino nos encanta platicar, cantar las canciones que le gustan a Isabela, mientras María juega con sus muñecas y Fernandito va atento de todo, creciendo más cada día. Después, Marthita y yo nos vamos al trabajo, ella al DIF y yo a Palacio Municipal, despidiéndonos siempre con un beso.
Siempre trato de compartir tiempo de calidad con los cuatro. Leerles un cuento a los niños para que duerman contentos. Ahí, al borde de la cama, casi cabeceando, platicándoles algunos cuentos que hasta me sé de memoria.
El otro día salí del cuarto a hurtadillas pensando que ya estaban durmiendo y cuando estaba cerrando la puerta, me gritaron: “¡Papaaaá!” Es difícil darse tiempo para convivir con ellos y por eso trato de que lo que hacemos juntos se vuelvan experiencias inolvidables. Pasada la media noche, hablo nuevamente con los secretarios, directores y coordinadores para conocer el corte informativo de todas las dependencias y dormir tranquilo o dormir ocupado pensando en las posibles soluciones a las problemáticas de la ciudad. Los fines de semana trato de pasar más tiempo en familia: vamos a la iglesia, a Caña Hueca, al cine o a cenar, aunque no puedo dejar de estar pendiente del teléfono, por cualquier emergencia.

¿Eres un hombre de fe?
Siempre lo he sido. Cuando era niño mi madre me llevaba a catecismo, fui monaguillo y muy querido por las abuelitas que llegaban a la iglesia Sagrado Corazón de la colonia Moctezuma. Ahí aprendí muchos valores que fortalecieron los que aprendí en casa. Ahora me toca educar a mis hijos para que sean respetuosos, responsables, comprometidos en cada cosa que hagan; honestos y educados, y para que valoren cada cosa que consigan con trabajo, esfuerzo y dedicación. Trato de enseñarles que los sueños se cumplen, que tenemos que luchar por nuestros ideales y que no nos marquemos límites.

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¿Qué es lo que más te satisface de tu trabajo?
Sin duda, ayudar a la gente. Saber que, en ese sentido, estoy haciendo las cosas bien. Que una madre o un padre de familia lleve un plato de comida a la casa, que tenga un techo donde cobijarse y que tengan hijos saludables. Porque lo más importante es vivir con salud, vivienda y alimentación, derechos fundamentales de todos los seres humanos. Me satisface enterarme de que bajan los índices de pobreza, rezago y marginación, por eso impulsamos políticas públicas que contribuyen, de manera paulatina, a mejorar la calidad de vida de las familias tuxtlecas con programas como Médico en tu casa, Tu gobierno en tu colonia, Cuartos rosas, Combate al rezago alimentario, y muchas otras estrategias dirigidas a la gente que más lo necesita, a los grupos vulnerables, a los niños, mujeres y adultos mayores. Otra cosa que me satisface es la suma de voluntades que se ha dado en este año, porque acciones como estas están coordinadas con el gobierno federal, estatal y municipal; pero aquí no se trata de que alguno de los gobiernos quede bien, se trata de que a la gente la vaya bien.

¿Cuáles crees que han sido tus mejores logros en la vida? ¿Por qué?
Mis hijos, porque representan el mejor regalo que Dios me ha dado y es mi compromiso que sean mi mayor logro.

Cómo te gustaría que terminara la siguiente frase: Fernando Castellanos Cal y Mayor quiero ser recordado como…
Un hombre de palabra, de buena voluntad que siempre trató de hacer lo mejor para el bienestar de todos.