Las mujeres rurales representan casi la mitad de la fuerza de trabajo agrícola en todo el mundo. Ellas cultivan, procesan y preparan gran parte de nuestros alimentos. Son el pilar de las comunidades rurales, y en muchos hogares son las principales encargadas de la seguridad alimentaria, las oportunidades de educación y la atención de la salud.
Sin embargo, los efectos del cambio climático y la degradación ambiental están obligando a muchas mujeres rurales a migrar, lo que hace que aumente la inestabilidad de sus familias y comunidades, y supone un obstáculo para el desarrollo y el crecimiento.
Los desastres naturales, junto con las crisis recurrentes de evolución lenta, como las sequías, afectan a las mujeres rurales de forma desproporcionada, lo que se suma a las dificultades que ya tienen para acceder a los alimentos, la atención de la salud, la educación y la información.
Muchas mujeres rurales se trasladan en busca de tierras más productivas y en un intento por mejorar sus vidas y las de sus familias. Sin embargo, la migración puede aumentar su aislamiento y marginación. Otras mujeres quedan atrás cuando los varones de la familia se van a buscar oportunidades en otros lugares. Ambos grupos necesitan el apoyo de la comunidad internacional, como parte integrante de los debates sobre la migración y el desarrollo.

rural-1
La introducción de simples cambios de política puede beneficiar a las mujeres rurales y ayudarlas a hacer frente a los efectos del cambio climático. Por ejemplo, la regulación de las remesas y la reducción de los costos de transacción pueden empoderar económicamente a las mujeres rurales para que puedan aumentar la resiliencia de sus familias y comunidades. La capacitación y el acceso a información sobre la tecnología y la agricultura resilientes al clima pueden cambiar esta situación en forma radical. No obstante, con demasiada frecuencia se considera que estas cuestiones corresponden sólo a los hombres, y las mujeres quedan excluidas y no pueden sacar provecho de esos conocimientos.
En este momento en que estamos buscando las mejores maneras de responder a los movimientos de refugiados y migrantes, quisiera exhortar a todos a tomar en cuenta las necesidades y preocupaciones especiales de las mujeres rurales.
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible promete no dejar a nadie atrás. Para cumplir esa promesa, debemos ayudar a las mujeres rurales a prosperar y acceder al apoyo y la información que necesitan, de manera que puedan desarrollar su potencial sin tener que abandonar sus comunidades.

Fuente:Excelsior