Paty Corzo “ser madre es una bendición”

¿Qué significa para ti ser madre y como lo asumes?
Que Dios le regale a la mujer la oportunidad de renovar su promesa de amor diariamente con el cuidado de los hijos, es una bendición. En ellos veo la confianza que la persona a la que quiero depositó en mí para que juntos entregáramos lo mejor de nosotros a la humanidad: nuestros hijos.

¿Cuál era tu experiencia previa a la maternidad o a la crianza?
Tenía muy poca. El ultimo niño al que me tocó ver crecer fue a mi hermanito Luis Fernando, apenas tres años menor que yo, así que se puede decir que no sabía nada.
Gracias a Dios, mi esposo venía de una familia numerosa y su hermana menor nació cuando él tenía 12 años, así que cambiar pañales y dar el biberón, para él, era de lo más natural. Se sabía de memoria el nombre de las medicinas para la inflamación, para el dolor, para las infecciones, etcétera.

¿Crees que el 10 de Mayo es una fecha para reflexionar o para disfrutarla con los seres queridos?
A mí me gusta el 10 de Mayo para dar gracias a Dios por todos los momento felices que me ha regalado con mis hijos. Me gusta ver los álbumes de cuando ellos eran chiquitos porque ahí recuerdo las peripecias de mi vida de madre.
Me gusta reírme de lo inexperta que era y me agrada reconocer el excelente trabajo que ellos han hecho como hijos: perdonando mis errores, esforzándose en mis anhelos y  llenando mis días de ternura y diversión mientras aprendíamos juntos este camino del amor.
En mi casa festejamos porque me gusta atender y recibir a mi mamá para agradecerle lo linda que ha sido conmigo siempre y reconocerle su labor, ahora que me doy cuenta de lo difícil que es ser madre.
Mi esposo es muy lindo y siempre ha procurado inculcarles a mis hijos que a la mamá se le regala algo el 10 de Mayo; eso también me llena de ternura, pero lo siento más como un regalo de él para mí por haber aceptado ser la madre de sus hijos. Creo que está complacido con mi labor.

¿Como es ahora tu vida en pareja? ¿La disfrutas más?
Ahora que mis hijos son jóvenes, casi adultos, tenemos más tiempo para nosotros y creo que los dos disfrutamos mucho más nuestra relación. Somos muy afines: deportistas los dos, nos gusta leer novelas históricas y viajar a ciudades que nos enriquezcan intelectualmente; si acaso alguna vez tuvimos diferencias, fue justo por la manera en cómo creíamos que era la forma correcta de educar a nuestros hijos, sin embargo, esas diferencias ya no significan mucho, pues logramos el equilibrio como pudimos, tal vez siendo demasiado duros con ellos, pero al final ellos respondieron bien y son chavos excelentes en los que podemos confiar.
Tuvimos una etapa espantosa en pareja en la que supe lo que era convivir con un adicto y su infierno personal, pero eso no cuenta porque Felipe se recuperó y todo quedó perdonado.
Hoy en día te puedo decir que sí: disfruto más esta etapa de la vida, no sólo como pareja, sino también como familia. Me gusta mucho que mis hijos sean adultos porque puedo platicar con ellos, pedirles su opinión o su consejo. Me fascina observar cómo piensan y reconocer en ellos el fruto del esfuerzo en su educación.

Sabemos que te defines como una mujer auténtica y feliz, en contraparte ¿Cómo te consideras en el papel de madre?
feliz y autentica también. Siempre he tratado de ser sincera con mis hijos y de reflejar mi verdadera personalidad. He conocido a mamás chantajistas, sufridas o sumisas y yo siempre quise ser una mamá feliz. Eso sí: muy exigente. Mis estándares de calidad son altos y siempre esperé lo mejor de mis hijos.

¿Cuál es el recuerdo más feliz de tu infancia?
De niña viví en Palenque y tuve una infancia muy bonita. Mi mamá nos dejaba ser libres y llevarnos con la gente del pueblo. Ella no distinguía a nuestros amigos por su condición social, ellos nos invitaban a comer a sus casas, donde el piso era de tierra, y se comía arroz y frijol en un plato hondo. El único utensilio era la cuchara. Ella no se asustaba ni nos aislaba por eso. Lo único que importaba era que la gente fuera buena y no llevara rencor en el corazón para que mi mamá pudiera confiarnos a ellos. Íbamos en el colegio Palenque, que era de monjas, y la mayoría de la gente con la que convivíamos ahí, a pesar de ser humilde, era muy buena.
Vivimos mucho tiempo lejos del pueblo, en un hotel que quedaba muy cerca de la zona arqueológica. Cuando por fin nos fuimos a vivir a Palenque, nos íbamos al parque en bici y jugábamos canicas, tenta, o escondidas con los boleritos; tirábamos maicena en el carnaval y tronábamos cuetes en Navidad.
En tiempos de feria se ponía el futbolito frente al parque y era nuestra fascinación, ahí nos dejaban mis papás en la tarde mientras ellos iban a hacer sus mandados al pueblo y para cuando se nos acababa el gasto ya éramos amigos del que atendía el futbolito y nos dejaba jugar gratis en lo que venían por nosotros.
Crecer en un pueblo es muy bonito y Palenque era un paraíso. No tiene caso hablarte de nuestras exploraciones a través de la selva y en los ríos porque no terminaría nunca. De verdad tengo muchísimos recuerdos y aventuras.

¿Regalos o flores? ¿Viajes o reuniones familiares?
Flores. Me gustan los viajes y las reuniones familiares. Tengo alma de vagabunda, pero adoro aprender de las experiencias de mis seres queridos y disfruto la vida de ellos como si fueran mías.

En tu vida diaria, ¿qué es lo que más disfrutas hacer?
Me gusta mucho cocinar, sembrar plantitas y leer.

Los hijos en la vida de una madre son el motor que la impulsa, nos gustaría saber con tus propias palabras que representan para ti en tu vida
Más que ser un motor que me impulsa, yo creo que ellos son los que la adornan, la hacen bonita. Yo tengo mucha fuerza de motor, pero a veces soy muy lineal. De ellos he aprendido muchísimo a divertirme, a ser más liviana, menos clavada; a no dejar que el desorden arruine mi momento, a no esperar el instante perfecto para que pasen las cosas, sino a hacerlas como se van dando en el camino diario; a que puedo ser feliz sin nada más que ellos y mi esposo y que el único lugar que yo considero como mi hogar verdadero será donde ellos estén.
Mis hijos me enseñan la filosofía de su generación: a conectar y a desconectar todos los aparatos electrónicos y digitales que quieras. Mil y un cosas que no hubiera aprendido si no hubiera convivido con ellos.

Respecto a tu matrimonio, dinos cómo fue el flechazo y cuánto llevas de casada
Qué lindo recordar esto, gracias por preguntarlo. A ver… yo acababa de regresar de Alemania, donde viví por más de dos años. Regresé en el verano del 90 y estaba de moda el S3 (ESTRÉS), de Pepe Abraham, donde ahora está el hotel Palace Inn. Mi hermana Laura siempre ha sido muy amiguera, mucho más que yo, y ese día me jaló con sus amigos Valdemar Vargas e Ileana García a ver un partido de futbol. A mí, la verdad, se me hacía extrañísimo tomar en domingo, pero en esos tiempos se hacía todos los días, sobre todo en verano.
El bar era al aire libre y además te topabas con gente que no veías seguido, así que, con la intención de adaptarme, fui.
Hice lo que la bola hacía: pedí un “bull” de litro y me senté en la barra a hacer como que me interesaba el futbol —te sentabas literalmente en la barra, no en las sillas ¡Eso era lo cool!—
Les decía: me senté en la barra de afuera a ver cómo jugaban futbolito y ocasionalmente me distraía volteando a la pantalla para ver el partido. En eso se me acercó Felipe. La verdad me agarró tan distraída que no tuve tiempo de ver su cara y relacionarlo con Anita; solo vi que un chavo bien guapo, de esos macizotes como me gustan, se acercó y me dijo:
—Vieras lo precioso que está el hijo de Anita, mi sobrino Luis Felipe.
—¡Ay que padre! —dije yo y me cayó el veinte— Que gusto me da saber que tiene un bebé.
—Sí, el día que quieras te acompaño a visitarla.
—¿Y dónde está viviendo?
—En los bungalows de Bonampak.
En eso se acercó una niña, como que era su amiga, y se puso a hablarle. Sentí como que me quiso arrebatar su atención, pero como yo había dejado a mi novio en Alemania con la promesa de que iba a volver, no estaba interesada en pelear hombres porque nuca tuve la necesidad. Por consiguiente, en lo que se volteó a hablar con ella, me paré y me cambié de lugar.
Creo que eso fue lo que lo prendió ¡Ja, ja, ja! Me imagino que no estaba acostumbrado a que no se interesaran en él.
Pues desde ahí empezó a perseguirme. Al principio no estaba interesada, pero luego no me pude resistir: era justo como yo había soñado a mi Chanoc.
No me acuerdo cuánto tiempo anduvo tras de mí, pero todavía recibí a mi novio de Alemania (que era noruego), en diciembre, de visita. Con el tiempo consideré la situación y decidí que Felipe sería el hombre de mi vida. De ahí en adelante me sentí libre para ser su novia. Nos casamos en enero de 1993 y acabamos de festejar nuestro 25 aniversario; creo que ha sido el momento más feliz de nuestra vida.

¿Algo que quisieras agregar?
Ser madre es una de las experiencias más bonitas de la vida si estás preparada para ello.

Tener al lado a la persona con quien estás dispuestas a compartir tal responsabilidad no es fácil debes ser lo suficientemente madura emocionalmente para distinguir quién tiene la integridad suficiente para acompañarlas durante toda la vida.
Debes también ayudarle a su pareja a escoger el momento ideal para ser padre, es obvio que un muchacho que todavía no tiene cómo ganarse la vida, no está en el momento adecuado. Los hombres sienten la responsabilidad de cuidar a la mujer y a sus hijitos y si aún no es el momento, se espantan y lo más seguro es que las dejen solas, aunque las adoren.
Es importante tener una relación estable y saber que él es emocionalmente maduro. Incluso aún dentro del matrimonio, si todavía están resolviendo su situación económica, se evitarán muchos pleitos, sustos y disgustos si esperan a tener ahorritos y un pequeño patrimonio, con esos principios básicos, lo demás sólo son desajustes. Que si la suegra, por ejemplo, es metiche, que si el niño es enfermizo…, nada que no se pueda resolver con amor.
Lo otro también se puede resolver, pero con muchísimo esfuerzo, abnegación, madurez e inteligencia, además de amor.

Elijan el momento adecuado y su maternidad será la experiencia más feliz que les pueda regalar Dios.
Quiero darle gracias a mi mamá por todo el amor, por la educación que nos inculcó y por el tiempo que nos dedicó y nos sigue dedicando a mí y a mis hermanos. Gracias mamá por tu manera tan bonita y extraordinaria de ser madre. Gracias a ti hemos conseguido ser tan felices.


 

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