Primer Plano Magazine/Noé Juan Farrera Garzón. – Copainalá, en la región noroeste de Chiapas, es uno de los destinos que mejor conservan la identidad zoque y desde 2023 forma parte del programa Pueblos Mágicos de México, reconocimiento que puso en valor su historia, tradiciones, patrimonio cultural y atractivos que distinguen a esta comunidad.

Dentro de esta riqueza cultural, la gastronomía ocupa un lugar especial y el restaurante El Bambú se convirtió durante décadas en uno de sus principales referentes. Fundado en 1974 por el maestro Luciano Vázquez Pérez, el establecimiento ubicado en la Primera Poniente Norte, en el centro de Copainalá, trascendió su función como espacio para comer hasta convertirse en un punto de encuentro para conocer los sabores, las costumbres y la memoria de la cultura zoque.

Luciano Vázquez Pérez, profesor, promotor cultural e investigador de las tradiciones de su pueblo, dedicó buena parte de su vida a preservar y difundir los saberes que identifican a Copainalá. Su trabajo estuvo vinculado no solamente con la cocina, sino también con las expresiones dancísticas, la historia y las manifestaciones culturales de la comunidad. En junio de 2025 falleció, dejando un importante legado para las nuevas generaciones y para quienes reconocen en la cultura zoque una parte fundamental de la identidad chiapaneca.

El Bambú fue una de las expresiones más visibles de ese legado. Su cocina recuperó recetas tradicionales elaboradas con ingredientes de la región y técnicas transmitidas entre generaciones. Entre sus preparaciones más representativas se encuentran la Tzata, el Pimbu, la carne adobada de res o cerdo y distintos tipos de tamales, platillos que forman parte de la gastronomía tradicional copainalteca.

La Tzata destaca particularmente por su sencillez y profundo arraigo. Se prepara tradicionalmente con frijol y guineo verde, a los que puede incorporarse chicharrón, y representa uno de los sabores más característicos de la cocina zoque de Copainalá. El Pimbu, por su parte, se elabora con elote molido, chipilín y masa, y está estrechamente relacionado con la temporada del maíz.

La riqueza gastronómica de Copainalá también incluye tamales de chipilín, hierba santa, bola y mole, además de bebidas tradicionales como el pozol blanco, el pozol de cacao y el atol agrio. Son preparaciones que permiten al visitante acercarse a una cultura alimentaria construida a partir del maíz, las plantas, hierbas e ingredientes disponibles en el territorio.

Más allá de sus platillos, El Bambú representó una forma de preservar la memoria a través de la cocina. El espacio fue escenario de encuentros, conversaciones y actividades de divulgación cultural, mientras Luciano Vázquez compartía sus conocimientos sobre las tradiciones de Copainalá. Su labor contribuyó a que la gastronomía dejara de ser solamente una experiencia culinaria para convertirse también en una herramienta de identidad y transmisión cultural.
Para quienes recorren Copainalá, conocer la historia de El Bambú significa acercarse a una parte de la memoria reciente del Pueblo Mágico y al trabajo de un hombre que entendió que preservar una tradición también implica compartirla. Hoy, el legado de Luciano Vázquez Pérez permanece vinculado a la cultura zoque de Copainalá y a esos sabores que permiten descubrir un territorio a través de su cocina.
La gastronomía es, en este sentido, uno de los caminos para descubrir la magia de Copainalá, un destino donde la historia, las tradiciones zoques, la artesanía y los sabores locales forman parte de una experiencia turística que invita a conocer Chiapas desde sus raíces.
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