Por: Julio César Aguilar Suarez
Todos los años en Chiapa de Corzo, se realiza una peregrinación en los días comprendidos del 14 al 21 de diciembre; hombres, jóvenes, adultos y niños, se dirigen hacia las montañas de los altos de Chiapas, siguiendo la ruta que les traza la salida del sol, van, en busca de una apreciada planta epífita, que ellos llaman, “Flor de Niluyarilo” (Flor Divina), en este andar, son guiados por un patrón, quien representa la autoridad y es el guía espiritual del grupo.
En su recorrido a las montañas de los altos, pernoctan, rezan, danzan y pasan por diferentes paisajes, siempre acompañados del tambor y el pito, de los cuales, se desprende una melodía que fortifica el andar de los floreros.
Toda esta actividad ritual, gira en torno a la imagen de un “Niño Dios”, el cual, los chiapacorceños lo llaman el “Niño Florero”.
Esta imagen religiosa, acompaña a los peregrinos durante toda su travesía por las veredas que los lleva a cortar la flor divina, la cual se utiliza para la elaboración del nacimiento del “Niño Dios”, el día 24 de diciembre.
La peregrinación tiene una connotación ritual y religiosa, los floreros demuestran su fe y devoción al “Niño Florero”, sometiéndose a largas caminatas cargando los tercios de flores, que van desde una docena hasta una gruesa.
Se cree que esta actividad tiene sus orígenes en la cultura Chiapa, pues se practica en muchas de las poblaciones bajo la influencia cultural de esta etnia, la función ritual de esta actividad era convertir a los jóvenes, en hombres adultos, sometiéndolos al esfuerzo que conlleva caminar grandes distancias con una carga a cuestas.
En la actualidad, esta actividad esta ligada al culto religioso impuesto por los españoles, y la procesión, inicia el día 14 de diciembre cuando los peregrinos salen del templo del Señor del Calvario hacia el “higo”, un árbol del género ficus que se encuentra en el antiguo camino real que conducía al poblado de Acala, en ese lugar, los familiares de estos peregrinos se despiden de ellos, la segunda parada se realiza en el “Rodeo” un antiguo rancho que se encuentra en las faldas del cerro que conduce a los altos de Chiapas.
El día 15 de diciembre, muy de madrugada los floreros cantan alabanzas y al grito de “viva el niñito florero” inician el camino hacia las montañas donde buscaran la tan apreciada flor divina, ese mismo día llegan a la comunidad de Mitzitón, que se encuentra a unos 12 kilómetros de la ciudad San Cristobal de las Casas, pero antes pasan por otras dos poblaciones indígenas, Multajó y Navenchauc, en las cuales rezan dentro de los templos y, entran y salen de los poblados formados en fila, acompañados de la música de tambor y pito.
Es en las montañas, que rodean a la comunidad de Metzitón, donde se corta la flor, el día 16 y 17, los floreros, suben a los montes en busca de la flor de Niluyarilo, la encuentran sujeta a piedras, árboles de pino y encino; El día 17, ya con sus tercios completos se regresan a Navenchauc, donde el 18 de diciembre, muy temprano, realizan una peregrinación al cerro de las tres cruces, ahí bailan los que son primerizos, en la tarde se limpian las flores, quitando el agua, las hojas y la basura orgánica que trae, posterior a eso se preparan los tercios para el largo camino hacia la depresión central, por la noche se realiza una pequeña fiesta donde participan los habitantes de la comunidad, se toca música, se queman cohetes y se danza al son del tambor y pito.
El 19 de diciembre, después de realizar un rezo, los floreros enfilan el viaje desde Navenchauc a Multajó, la comunidad indígena de los altos de Chiapas, en el transcurso de ese andar, pasan por pequeños parajes donde los habitantes les ofrecen pozol blanco y caldo de pollo, ahí el patrón coloca al niñito florero en los altares y flagela con con un látigo de cuero curtido a los miembros de la familia, entrada la noche llegan a la comunidad de Multajó, donde pernoctan, para que al día siguiente bajen a la depresión central.
El día veinte de diciembre, los floreros se despiden de la región de los altos, bajan las montañas con su preciada carga, llegan al paraje conocido como el “Rodeo”, donde descansan, para que en la tarde, se trasladen al “Nanchi”, ahí pernoctan, al día siguiente, entran con gran júbilo al rio de la flor, que se encuentra a unos 4 kilómetros del centro de Chiapa de Corzo, en ese lugar los floreros son recibidos por sus familiares y amigos, han llegado a su destino, después de caminar grandes distancias cargando su tercio de flores.
Este recorrido que realizan los herederos de la cultura Chiapa, cohesiona a la comunidad en torno a su fe y es importante destacar que esta manifestación cultural, esta considerada como patrimonio cultural inmaterial de Chiapas.














