Sus flores son comestibles, guisadas en las manos correctas, se convierten en el manjar qué ha deleitado por varios siglos a las comunidades zoques del centro del estado de Chiapas, es la flor de “cuchunuc”.

De acuerdo a los datos históricos y gastronómicos, el cuchunuc tiene varios nombres, algunos lo llaman madre cacao o árbol de matarratón, cuya corteza, tronco y ramas tienen varios usos en las costumbres de esta cultura, que aún prevalece hasta nuestros días, los zoques.

 

El nombre actual de “cuchunuc” en lengua zoque quiere decir guajolote, proviene del gran parecido que tiene la flor de este árbol, con el apéndice que cuelga de la nariz de esta especie de ave, misma que pronuncia cuando está en cortejo.

 

Empanadas, con huevo, tamales y por qué no, hasta mermeladas, son algunas de las presentaciones gastronómicas que las flores de cuchunuc, delitan los paladares no solamente de los nacidos en esta cultura sino a todo aquel que lo ha probado.

Una de las costumbres zoques, es cocerlas en lo que llaman, “a dos aguas”, es decir, hervirlas dos veces, ya que, de esa manera, se elimina la toxicidad natural que caracteriza a esta flor comestible, por lo que se tiene que ser muy cuidadoso en su manejo para destino alimenticio.

 

La corteza del árbol, era utilizado por los viejos zoques, como un método natural de erradicación de plagas, secando la corteza en un comal y moliéndolo, mezclándolo con masa y dejándoselo a los ratones para eliminarlos, he ahí el origen de uno de sus nombres «matarratón».

 

El otro nombre «madre cacao», proviene del uso de este frondoso árbol, para dar sombra a las plantaciones de cacao, que son de menor tamaño, ya que las protege del embate del sol.

 

En la espiritualidad, las ramas de este árbol, son utilizadas para la comúnmente llamada “rameada” o «curar de espanto», azotándolas contra el cuerpo de las personas que previamente han sido sopladas con aguardiente, como se hace comunmente con ramas de albahaca.

 

Hoy en día, el cuchunuc es comúnmente encontrado en territorios zoques, primordialmente en espacios rurales, viéndolos más que como alimenticios, como árboles ornamentales, como cercas vivas y en muy pocos casos, como fuentes de alimento.

 

La amplia diversidad de flora y fauna de Chiapas, proporciona múltiples opciones de beneficios y usos, para infusiones, fuentes de alimento, tratamiento complementario a diversos padecimientos y hasta fabricación de enseres domésticos.

Uno de los personajes que preserva gran parte de la cultura zoque, en su conocimiento de sus recursos botánicos en el estado de Chiapas, es el doctor Óscar Farrera Sarmiento, quién ostenta el cargo de curador general de flora, del “Jardín Botánico en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, pues asegura que es necesario respetar los conocimientos de los pueblos zoques y buscar la conservación de la biodiversidad, aprovechando al máximo de manera sustentable sus usos.

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