Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón. – En el marco de la promoción cultural y turística de Chiapas, la especialista en arte popular Rafaela Luft Dávalos, con más de 40 años de trayectoria en la investigación, difusión y protección de las artesanías mexicanas, compartió una visión profunda sobre la importancia de las denominaciones de origen y las marcas colectivas artesanales, mecanismos esenciales para resguardar el patrimonio cultural material del país.

Durante la conversación, destacó que una denominación de origen representa un sello de protección que vincula un producto con su identidad geográfica y cultural, ofreciendo al consumidor la certeza de adquirir un artículo auténtico, ligado a un territorio específico.

México cuenta actualmente con diversas denominaciones de origen, la mayoría relacionadas con bebidas espirituosas, aunque solo tres están asociadas a artesanías: la laca de Olinalá en Guerrero, la cerámica de Talavera en Puebla y el ámbar de Chiapas.

Rafaela subrayó un punto clave para el turismo y la identidad del estado: Chiapas es el único en el país que posee tres denominaciones de origen, lo que lo posiciona como un referente nacional. Estas son: el Café de Chiapas, el mango Ataulfo del Soconusco y el ámbar chiapaneco; un reconocimiento que abre puertas al desarrollo económico local y al fortalecimiento de sus tradiciones.

Señaló que este logro es reflejo de la voluntad política y del interés estatal por proteger y destacar los productos que representan la esencia del territorio.

La especialista explicó además el papel de las marcas colectivas artesanales como un sistema complementario de protección, especialmente para aquellos productos que, por sus características o materiales, no pueden acceder a una denominación de origen. Su creación implica organización comunitaria, acuerdos internos y un conjunto de reglas de uso que garantizan la calidad del producto final, evitando plagios, mal uso de técnicas tradicionales o apropiaciones indebidas del patrimonio cultural.

Añadió que este modelo permite que varias comunidades se agrupen para proteger un producto compartido, como ocurre en Oaxaca con las tallas de madera pintadas conocidas como “tonas”, resguardadas por tres municipios.
En el caso de Chiapas, existen marcas colectivas ya registradas y otras en proceso, vinculadas principalmente a los textiles tradicionales. Para obtener una marca colectiva, las comunidades deben cumplir requisitos ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), con el acompañamiento de autoridades municipales o estatales, lo que fortalece la legitimidad del proceso.
Asimismo, la especialista destacó la necesidad de contar con mecanismos estatales que sancionen adecuadamente los casos de plagio, especialmente cuando diseñadores o empresas utilizan técnicas, iconografías o elementos culturales sin permiso o sin reconocer a las comunidades.
Finalmente, Rafaela Luft invitó al público a consumir de manera responsable y a elegir siempre productos genuinos, creados por manos artesanas con técnicas heredadas por generaciones. Cada pieza, señaló, lleva consigo identidad, historia y el orgullo de un pueblo que conserva su legado cultural, por lo que su compra representa un acto de apoyo directo a la tradición viva de Chiapas.
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