Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón. – La riqueza cultural de Chiapas también se expresa en sus tradiciones ceremoniales elaboradas con elementos naturales, donde la naturaleza se convierte en símbolo de fe, identidad y memoria colectiva. Entre estas manifestaciones destacan la Enrama de Chiapa de Corzo y el Somé de las regiones zoques del estado, dos prácticas que, aunque tienen nombres distintos y contextos propios, comparten una profunda carga simbólica y comunitaria.

La Enrama de Chiapa de Corzo es una tradición vinculada principalmente a celebraciones religiosas y festividades patronales. A diferencia de lo que muchos creen, la enrama no lleva flores, sino que se elabora únicamente con hojas de árboles cuidadosamente entrelazadas por artesanos tradicionales que conservan esta técnica heredada de generación en generación.

Estas estructuras vegetales se colocan en altares, templos, recorridos procesionales y espacios ceremoniales como una muestra de devoción, respeto y ofrenda hacia los santos patronos. Además, es común que de la enrama se cuelguen utensilios de cocina, frutos, panes y otros elementos que simbolizan abundancia, agradecimiento y apoyo comunitario, reforzando su sentido ceremonial y festivo.

Su elaboración requiere habilidad, paciencia y conocimiento de los materiales naturales adecuados para lograr resistencia y belleza visual.

Durante celebraciones emblemáticas como la Fiesta Grande de Enero, la enrama forma parte importante del entorno festivo y religioso, aportando identidad visual y reforzando el sentido espiritual de una de las festividades más representativas de Chiapas.

Por su parte, en las comunidades zoques de Chiapas, especialmente en municipios como Copainalá, Tecpatán, Ocozocoautla, Tuxtla Gutiérrez y otros pueblos con fuerte herencia indígena, esta práctica recibe el nombre de Somé. En este caso, tampoco se incorporan flores, solamente hojas que ayudan a conformar una ofrenda ceremonial destinada a festividades religiosas, promesas, mayordomías y celebraciones tradicionales.

Al igual que en la enrama, en el Somé también se colocan o cuelgan utensilios de cocina, frutas, panes y productos diversos que representan prosperidad, gratitud y el compromiso de la comunidad con sus celebraciones religiosas. Esta práctica fortalece el valor colectivo de la tradición y convierte la ofrenda en una expresión tangible de solidaridad.

El Somé tiene un profundo significado comunitario y espiritual, ya que representa abundancia, agradecimiento y la relación entre el ser humano y la naturaleza, conformando un portal hacia lo divino. Su elaboración también implica conocimientos ancestrales donde cada elemento colocado puede tener un valor simbólico dentro de la cosmovisión zoque.
Ambas expresiones coinciden en su finalidad: servir como ofrenda ritual, fortalecer la vida comunitaria y preservar las tradiciones que han dado identidad a los pueblos chiapanecos. Son manifestaciones que van más allá de lo decorativo; representan historia, fe y permanencia cultural.
Tanto la Enrama como el Somé forman parte del patrimonio intangible de Chiapas y continúan siendo ejemplo de cómo las comunidades mantienen vivas sus raíces a través de prácticas que honran la naturaleza y la memoria colectiva.
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