Primer Plano Magazine/Noé Juan Farrera Garzón. – Campeche guarda entre sus extensas selvas uno de los grandes tesoros arqueológicos y naturales de México: Calakmul, una antigua ciudad maya que permite al visitante acercarse a la grandeza de una civilización que durante siglos dominó buena parte de las Tierras Bajas Mayas.

Ubicada al sur del estado, en el municipio de Calakmul, la antigua urbe se encuentra profundamente integrada al paisaje selvático. Su nombre, de acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), significa “Dos Montículos Adyacentes”, en referencia a las grandes estructuras que sobresalen entre la vegetación. El sitio destaca por sus monumentales pirámides, plazas, conjuntos residenciales y más de 120 estelas, elementos que permiten reconstruir parte de la historia política y religiosa de esta poderosa ciudad del periodo Clásico Maya.

La relevancia de Calakmul trascendió las fronteras de México. En 2002 fue inscrita por la UNESCO como Patrimonio Mundial por su extraordinario valor cultural y, en 2014, el reconocimiento se amplió para incorporar los bosques tropicales protegidos que la rodean, convirtiéndola en un sitio de Patrimonio Mundial Mixto. El conjunto abarca 331 mil 397 hectáreas y se encuentra vinculado con la Reserva de la Biósfera de Calakmul.

Llegar desde San Francisco de Campeche implica emprender un recorrido hacia el sur del estado. La ruta continúa hacia Escárcega y posteriormente por la carretera federal 186 rumbo a Chetumal. Para visitar Calakmul es recomendable considerar una estancia en Xpujil, cabecera municipal y uno de los principales puntos para organizar recorridos por esta región, ya que la zona arqueológica se encuentra a una considerable distancia de la carretera federal. El propio INAH señala que desde el entronque de la carretera 186 se recorren aproximadamente 60 kilómetros adicionales hasta llegar al sitio.

La experiencia no termina en Calakmul. Los alrededores forman parte de una de las regiones arqueológicas más importantes del sur de Campeche, donde pueden visitarse sitios como Chicanná, Balamkú y Becán. Chicanná, por ejemplo, sobresale por sus edificios de estilo Río Bec y por sus grandes mascarones vinculados con la iconografía maya; Balamkú conserva un extraordinario friso de estuco modelado y policromado.

A la riqueza arqueológica se suma una biodiversidad excepcional. La Reserva de la Biósfera de Calakmul conserva extensas superficies de selva y constituye un importante refugio para especies como el jaguar, puma, ocelote, tapir, monos y diversas aves. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas destaca particularmente la importancia de la región para la conservación del jaguar, cuya presencia convierte a este territorio en uno de los espacios naturales más relevantes para la especie en México.

Por ello, visitar Calakmul significa mucho más que recorrer una zona arqueológica. Es adentrarse en un paisaje donde patrimonio cultural y naturaleza permanecen estrechamente vinculados, observar cómo las antiguas ciudades mayas se adaptaron a su entorno y conocer una región donde las comunidades actuales mantienen diversas expresiones de la cultura maya.
Xpujil y las comunidades de Calakmul también ofrecen la oportunidad de acercarse a la gastronomía, los productos artesanales y las expresiones culturales de la región, favoreciendo el consumo local y una experiencia turística más cercana a quienes habitan este territorio.
Calakmul es, en suma, un destino para quienes buscan arqueología, naturaleza, cultura y aventura en un mismo viaje. Entre pirámides que se elevan sobre la selva, antiguos caminos y sonidos de la fauna, este rincón de Campeche revela una de las páginas más extraordinarias de la civilización maya y uno de los patrimonios naturales más valiosos de México.
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