Primer Plano Magazine/Noé Juan Farrera Garzón. – La cultura zoque de Chiapas está de luto por el fallecimiento del maestro Luis Hernández Aguilar, reconocido como Tesoro Humano Vivo, quien dedicó cerca de ocho décadas de su vida a preservar, interpretar y transmitir los sones y danzas tradicionales del Pueblo Mágico de Copainalá.
Fallece Luis Hernández Aguilar, guardián de la música tradicional zoque de Chiapas
Fallece Luis Hernández Aguilar, guardián de la música tradicional zoque de Chiapas
A los más de 90 años de edad, el músico tradicional deja un invaluable legado cultural que trascendió generaciones y fronteras, convirtiéndose en uno de los principales referentes de la música ancestral zoque, especialmente por su dominio de la flauta de carrizo y el tambor.
Fallece Luis Hernández Aguilar, guardián de la música tradicional zoque de Chiapas
Fallece Luis Hernández Aguilar, guardián de la música tradicional zoque de Chiapas
Originario de Copainalá, Luis Hernández Aguilar nació en una familia profundamente vinculada con las tradiciones musicales. Hijo de Alberto Hernández Gómez y Emérita Aguilar Jiménez, aprendió desde pequeño los conocimientos transmitidos por su padre y su abuelo Isabel Gómez. A los ocho años decidió dedicar su vida a la música tradicional, una pasión que lo acompañó hasta sus últimos años.
Su trayectoria le permitió llevar los sonidos ancestrales de su pueblo a distintos escenarios del país, incluido el Palacio de Bellas Artes, demostrando la riqueza y trascendencia del patrimonio musical de los pueblos originarios de Chiapas.
Durante muchos años se desempeñó como maestro de música tradicional en la Casa de la Cultura de Copainalá, donde compartió sus conocimientos con decenas de niños y jóvenes. Entre quienes continuaron su legado se encuentra su hijo Santiago, quien aprendió la interpretación de los sones zoques.
El maestro Luis sostenía que la música tradicional era mucho más que una expresión artística, pues representaba la identidad, la espiritualidad y la memoria colectiva de su pueblo. Solía expresar que quienes se acercaban a aprenderla lo hacían por un llamado que nacía desde el alma.
Conocedor de las 14 danzas tradicionales que identificaba en Copainalá, también defendía la importancia de reconocer las particularidades musicales de cada comunidad de la región zoque, cuyos sones, ritmos e interpretaciones constituyen una extraordinaria riqueza cultural.
Su partida representa una sensible pérdida para el patrimonio cultural de Chiapas, pero también reafirma la importancia de preservar los conocimientos de los músicos tradicionales, quienes mantienen vivas las expresiones ancestrales de los pueblos originarios.
Hoy, Copainalá despide a uno de sus más importantes guardianes culturales. Su flauta de carrizo y su tambor permanecerán en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de escucharlo, mientras que sus enseñanzas continuarán resonando en las nuevas generaciones.

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