Roberto Ramos Maza

Estando unos años atrás en la ciudad de Guadalajara, visitando a una encantadora pariente mía tuxtleca pero residente en aquella ciudad, me preguntó la razón por la quise hospedarme en un hotel en pleno centro histórico enfrente de la catedral tapatía. Le respondí que porque me gustaba sentir el pulso histórico, la personalidad y la esencia de las ciudades, y que eso se logra más en las partes céntricas. A ello, me comentó «Pero, eso no sucede en Tuxtla«. Me sorprendió esa observación. Junto a eso, encontraba comentarios en las conversaciones y en las redes sociales acerca de que Tuxtla no tenía historia, que no poseía edificios dignos de conservarse, o que lo único que le quedaba de su pasado era el antiguo palacio municipal.


Todo ello me llevó a diseñar un recorrido que he llamado «Tuxtla: el sendero de la memoria», para mostrar que el centro de la ciudad no solamente es histórico, sino que como tal, cuenta a partir de lugares, personajes y del patrimonio intangible, cómo ha sido el desarrollo de aquel pueblo llamado en zoque Coyatoc y reordenado por los dominicos como San Marcos Tuxtla.

El recorrido se desarrolla por los cuatro barrios originales de la ciudad (Santo Domingo, San Jacinto, San Andrés y San Miguel) en torno al templo de San Marcos, centro de la traza dominica del siglo XVI y el edificio más antiguo. Se inicia al pie de la estatua de la Libertad, símbolo para mí de la resistencia de la memoria tuxtleca, y además del propio recorrido, para adentrarse en los grandes momentos que se han vivido en torno a la plaza, incluyendo el motín de los zoques de 1793, la vida y muerte del héroe epónimo Joaquín Miguel Gutiérrez y los edificios presentes o en el recuerdo que la marcan.


Andando por los barrios, continua el sendero por Santo Domingo, el único de los cuatro barrios originales que conserva su capilla y atrio, y que nos permite recordar personajes, observar la arquitectura doméstica tradicional y repensar edificios antiguos de importancia, hoy disfrazados por la modernidad.

En San Jacinto, aparece el sabor en las empanadas, los tacos dorados y el pozol del mercado de las flores, un edificio ya considerado patrimonio, y los tacos de cochito del kiosco. También aquí los visitantes conocen por lo menos dos edificios importantes: el Centro Social Francisco I. Madero construido en el atrio de la capilla original del barrio y lugar que rememora la historia de las artes escénicas y visuales de la ciudad, y el Museo del Café, la casa antigua mejor conservada del centro, además de contar la historia de un cultivo sin el que no se entiende a Chiapas.

San Andrés, ya no reconocido en la cotidianidad actual, carece de capilla y  centro de barrio, pero nos muestra elementos relacionados con la historia ambiental, la educación y la cultura como la cicatriz del río Jotipak sobre la Avenida Central, el edificio de la primera escuela normal de Tuxtla y las casas de nacimiento e infancia del gran escritor Eraclio Zepeda. De aquí, también se conecta con otro barrio tradicional, que si bien no es de los cuatro originales, tiene una historia ya larga: San Roque, con su templo y plazuela y los venerables edificios del antiguo Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas.

Una visita detenida merece la actual catedral de San Marcos por su importancia histórica y arquitectónica y su papel como edificio principal en el ordenamiento de los cuatro barrios sumando al urbanismo renacentista, la cosmovisión prehispánica representada por una ceiba que solo pervive en planos y fotos antiguas.

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El último barrio, el de San Miguel, tampoco conserva su capilla, pero a cambio, muestra el rostro de la modernidad tuxtleca de mediados de siglo XX, un paisaje urbano en la calle 1a. Poniente, que con los edificios de las cercanías, forman la estampa de un Tuxtla progresista de los años 50, 60 y 70. En este barrio, también se recuerda los trazos de una fiesta todavía vigente en la comunidad zoque, además de los escenarios de la vida del poeta mayor Jaime Sabines.

El recorrido culmina en el antiguo palacio municipal, presencia muy entrañable en el centro de Tuxtla, pero para entonces los participantes ya saben que de ninguna manera es el único edificio patrimonial que queda en la ciudad.

Mucho se necesita para hacer de este recorrido un producto cultural y turístico que contribuyera a rehabilitar la zona central de la capital de Chiapas. Entre otros elementos, habría que invertir en imagen urbana y señalización, además de establecer estímulos para los negocios tradicionales  y el establecimiento de otros con calidad turística.

Al final, quienes me han acompañado al recorrido reconocen que hacerlo cambió su visión del centro y de la ciudad misma y, sobre todo, reconocen que como otras ciudades, Tuxtla también posee un centro histórico lleno de cosas que contar.

Los interesados pueden contactarme en mis redes sociales Facebook, Instagram y Twitter como Roberto Ramos Maza.

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