A través de la historia de nuestro planeta, que aseguran científicos data de más de 4.5 mil millones de años, ha dejado una serie de pistas de lo que ha sido el desarrollo evolutivo que ha conformado nuestro presente, a través de las capas geológicas, las formaciones continentales entre otros procesos naturales.
Asimismo, la biósfera nos ha otorgado una serie de pistas, para conocer nuestra historia, una de esas formas de dárnoslas a conocer, ha sido a través del encapsulamiento de especies en resina fosilizada, convertida en ámbar a través del paso de millones de años.
El doctor Francisco Riquelme Alcántar, distinguido científico investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, ha dedicado buena parte de su vida profesional, al estudio de insectos incorporados en una verdadera burbuja del tiempo, el ámbar, que en el caso de Chiapas, mayormente proviene de las montañas del municipio de Simojovel de Allende, aunque no es el único, afirma.

En entrevista, destacó que no existe alguna pieza que sea más importante que otra en el descubrimiento y estudio de estas resinas fósiles, debido a que por sí solas, cada pieza de ámbar es hermosa y muy preciada científicamente, por su procedencia y composición de materia orgánica, que se originó hace por lo menos 23 millones de años y aún persiste en la actualidad, como testigos del paso del tiempo.
De entre los descubrimientos que ha realizado en Chiapas, se encuentra el estudio de un milpiés, que, gracias a su excelente estado de conservación, propiedad importante que da el ámbar, se ha descubierto que tiene muy poca variación en su estructura anatómica, pese al paso de milenios, lo que hace notar que es una especie que ha encontrado la mayor capacidad de supervivencia en la historia de los seres vivos que habitan la Tierra.
En una publicación de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, textualmente se relata lo siguiente:
“en una exploración reciente a las canteras ambaríferas de las Montañas de Chiapas se descubrió el primer ejemplar fósil de ciempiés geofilomorfo en México. Este fósil se preservó atrapado en ámbar, cuyo origen se remonta al periodo geológico del Mioceno, hace unos veintitrés millones de años. La identificación y descripción preliminar del fósil está basada en un conjunto de caracteres diagnósticos reconocibles que lo separan de sus congéneres fósiles y actuales.
La ocurrencia de este ejemplar tiene también una notable importancia biogeográfica, pues representa el único registro fósil del orden Geophilomorpha conocido hasta ahora en la parte más sureña de Norteamérica. La mayoría de las especies vivas de éste género tienen una distribución actual únicamente en Norteamérica, Europa y Australia”.
Dijo que, en la actualidad, en México, existen yacimientos de ámbar en los estados de Baja California y Coahuila, que incluso son más antiguos al provenir del perido Cretácico, entre 70 y 77 millones de años, además de que provienen de resinas de árboles diferentes al de Chiapas, cuya era es la del Mioceno con 23 millones de años.
Su estudio, se basa en el conocimiento de la diversidad en la vida del pasado y una vez que se describe e interpreta, se analizan correlaciones sobre su origen, sobre sus afinidades con otros grupos y en general, lograr encontrar mucha información en el pasado, que permite entender el presente, es decir “estudiamos la biodiversidad del pasado para entender la actual diversidad”.
Pese a su abundancia y amplia valía en la ciencia, en México, dijo, se tienen pocas colecciones científicas y son pocos los estudiosos que trabajan a este material que se preocupan por la formación de colecciones científicas, que resguarden material con información valiosa de la bioversidad que habitó nuestro actual territorio y que, en un sentido más amplio, es también un patrimonio biológico del estado, de la nación y de la humanidad.





