Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón.- Detrás del colorido de las fiestas patronales existe un trabajo artesanal que pocas personas conocen y que, con el paso de los años, enfrenta un reto cada vez mayor: encontrar quién continúe preservándolo. La elaboración de la enrama, una estructura adornada con frutas que se ofrece como homenaje a las imágenes religiosas, sigue viva gracias al compromiso de quienes han dedicado décadas a mantener esta tradición.
Don Genaro Hernández Hernández
Don Genaro Hernández Hernández / Primer Plano Magazine
Genaro Hernández Hernández, integrante del grupo de enramadores y con alrededor de veinte años de experiencia en esta labor, explica que la elaboración comienza con la colocación de la hoja de Tempisque, sobre la que posteriormente se distribuyen cuidadosamente piñas, plátanos, melones, sandías y otras frutas, buscando una composición armónica que realce la presentación de la ofrenda.
La enrama, una tradición que necesita de nuevas generaciones / Primer Plano Magazine
La enrama, una tradición que necesita de nuevas generaciones / Primer Plano Magazine
Sin embargo, uno de los principales desafíos es conseguir precisamente esa hoja, ya que los árboles de donde se obtiene son cada vez menos comunes. En temporada de fiestas religiosas, cuando varias comunidades elaboran enramas al mismo tiempo, encontrar suficiente material se vuelve una tarea complicada.
La enrama, una tradición que necesita de nuevas generaciones / Primer Plano Magazine
La enrama, una tradición que necesita de nuevas generaciones / Primer Plano Magazine
La dimensión de cada enrama depende del espacio donde será colocada la imagen religiosa. No existe una medida específica; cada estructura se adapta al tamaño del altar o del sitio donde permanecerá durante la celebración.
La enrama, una tradición que necesita de nuevas generaciones / Primer Plano Magazine
La enrama, una tradición que necesita de nuevas generaciones / Primer Plano Magazine
Aunque las mujeres participan aportando frutas y otros elementos para la ofrenda, el armado de la enrama continúa siendo una labor que, por tradición, realizan únicamente los hombres, quienes transmiten los conocimientos de generación en generación.
Más allá de la técnica, la mayor preocupación de Genaro Hernández es el futuro de esta manifestación cultural. Reconoce que quienes hoy elaboran las enramas llevan muchos años haciéndolo y que cada vez son menos los jóvenes interesados en aprender el oficio.
«Necesitamos que participen los jóvenes para que esta tradición no se acabe», expresa con la esperanza de que nuevas generaciones se sumen a preservar un legado que forma parte de la identidad de su pueblo.
Una vez concluida la festividad religiosa, la fruta que adornó la enrama no se desperdicia. Al contrario, muchas personas la adquieren como reliquia por haber permanecido junto a la imagen venerada, conservando así el sentido de devoción que acompaña esta tradición.
La estructura se construye con bambú u otate, materiales resistentes y ligeros que se preparan con anticipación para soportar el peso de las frutas y mantener firme la ofrenda durante toda la celebración.
Más que un adorno, la enrama representa la fe, el trabajo comunitario y el conocimiento heredado de quienes han dedicado su vida a conservar una de las expresiones más significativas de las festividades tradicionales. Hoy, ese legado enfrenta un desafío silencioso: encontrar manos jóvenes dispuestas a aprender, preservar y dar continuidad a una costumbre que forma parte del patrimonio cultural de Chiapas.

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