En el corazón histórico de Comitán de Domínguez, Chiapas, entre sus calles empedradas y su historia impregnada de tradición, se esconde una leyenda que ha trascendido generaciones: la del Callejón del Resbalón. Esta historia, envuelta en misterio y con tintes sobrenaturales, sigue resonando en los oídos de los comitecos, quienes aún recuerdan con asombro los detalles de aquella noche.

Se dice que un joven de buena posición, conocido por sus costumbres de galán y bebedor, estaba perdidamente enamorado de una mujer del Barrio de La Pila. Hermosa y de carácter firme, ella no sucumbía ante los encantos de aquel hombre, quien, a pesar de su reputación, intentaba sin éxito conquistar su corazón.

 

En una de esas noches, tras una serenata fallida, el joven decidió regresar a casa abatido. El destino, sin embargo, tenía preparado para él un encuentro que cambiaría su vida para siempre.

Al pasar por la zona de La Pila, sus ojos se posaron en una figura femenina que ahí se encontraba entre penumbras. A la luz de la luna, vio a una mujer de extraordinaria belleza peinando su larga cabellera, su silueta envolviendo la calle con un aura etérea. Encantado y curioso, no pudo resistirse a observarla, aunque en lo profundo de su ser sentía que algo en aquella escena no era normal.

 

La mujer, sin decir palabra, comenzó a caminar lentamente por una calle que hoy conocemos como el Callejón del Resbalón. Con un sutil movimiento de cabeza, le invitaba a seguirla. Desafiando su instinto, el joven decidió aventurarse tras ella. A cada paso, la figura femenina se adentraba más en lo desconocido, hasta que finalmente entró en una vieja y desvencijada casa sin siquiera abrir la puerta.

El joven, intrigado, se acercó y miró por una rendija. Lo que vio lo dejó petrificado. Aquella mujer que minutos antes lo había hechizado con su belleza, ahora no era más que una calavera, un esqueleto envuelto en un halo macabro. La mismísima muerte se encontraba frente a él. El miedo lo invadió de tal manera que perdió el conocimiento en ese mismo instante.

 

A la mañana siguiente, los vecinos lo encontraron tirado en el callejón. A simple vista, pensaron que estaba ebrio, pero al despertar, su relato estremeció a todos. El joven, afectado por la experiencia, enfermó durante varios días, y nunca volvió a ser el mismo.

 

El Callejón del Resbalón, desde entonces, se ha convertido en un lugar cargado de misterio. Para muchos, esta historia es un recordatorio de que, en Comitán, la línea entre lo terrenal y lo sobrenatural es más delgada de lo que parece. Las viejas casas, los ecos de las serenatas y las calles desiertas por la noche son el escenario perfecto para que leyendas como esta sigan alimentando la imaginación y el temor de quienes las escuchan.

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