En el Pueblo Mágico de Chiapa de Corzo, donde las tradiciones respiran vida a través de su gente, se cocina uno de los platillos más emblemáticos y envueltos en misterio: la Pepita con Tasajo, un manjar no es solo una receta; es un ritual que conecta a las generaciones con su historia y espiritualidad, siendo el protagonista en la Comida Grande de las festividades de enero junto al cochito horneado y la chanfaina.

Un origen entre hambrunas y creatividad
Aunque el origen exacto de este guiso es incierto, se cree que nació en la época colonial como una respuesta ingeniosa a las hambrunas que asolaron la región en el siglo XVIII. Con ingredientes básicos y accesibles, como la pepita de calabaza y el tasajo —carne de res secada al sol—, los chiapacorceños lograron un platillo que combina simplicidad con profundidad de sabores.
Este legado se convirtió en un símbolo de resiliencia y creatividad ante la adversidad.
La magia detrás de la preparación
Sin embargo, lo que hace única a la Pepita con Tasajo no es solo su sabor, sino el aura de misticismo que envuelve su preparación. Para los cocineros tradicionales, como Domingo López Hernández, mejor conocido como “Minguito”, esta receta requiere no solo técnica, sino un respeto casi ritualístico. «Es un platillo muy delicado. Se prepara a solas, lejos de miradas ajenas, porque con una mirada caliente, lo cortan», explica.
En la tradición oral de Chiapa de Corzo, se afirma que no cualquiera puede cocinar este platillo, ya que es un acto de profundo cuidado y concentración. Se cree que la simple presencia de un curioso, puede interferir con la magia culinaria, haciendo que el guiso no espese, pierda sabor o se agrie. En casos extremos, los ingredientes pueden separarse, obligando a las cocineras a empezar de nuevo.
Esta superstición no solo refleja la conexión entre el cocinero y la comida, sino también el profundo respeto que la comunidad tiene por este platillo, que se ofrece en honor a los parachicos, figuras centrales en la Fiesta Grande.

Ingredientes que cuentan una historia
Cada elemento de la receta cuenta parte de la historia de Chiapa de Corzo:
Tasajo: Carne de res cortada en tiras y secada al sol, símbolo de conservación y resistencia.
Pepitas de calabaza: Molidas hasta convertirse en el alma del guiso.
Arroz: Usado para espesar, como puente entre ingredientes.
Jitomate, cebolla y achiote: Aromas y colores que evocan la riqueza de la cocina chiapaneca.
Manteca de cerdo: Elemento indispensable para acitronar, que da untuosidad y profundidad al platillo.
Cada paso del proceso, desde la molienda de las semillas hasta la mezcla precisa de los ingredientes, se realiza con esmero y dedicación, en un acto que trasciende la cocina para convertirse en una ofrenda.
Un platillo con alma
La Pepita con Tasajo no es simplemente un platillo más en la mesa de los chiapacorceños, no, se trata de una obra maestra que refleja siglos de historia, un recordatorio de cómo la necesidad puede transformar lo cotidiano en extraordinario, y una forma de honrar a quienes participan en las celebraciones tradicionales.

Servida con orgullo en los días más significativos de la Fiesta Grande, este guiso encarna el espíritu de Chiapa de Corzo: una mezcla de devoción, creatividad y amor por las raíces. Cada cucharada dada con la misma tortilla, pues la tradición manda que no se debe usar utensilio ajeno, no solo nutre el cuerpo, sino que invita a experimentar el misticismo y el arte culinario de un pueblo que convierte sus tradiciones en inmortalidad.





