Marcos Delgado / @primerplanomagazine.- En el municipio de Tecpatán, en el estado de Chiapas, se viven grandes y variadas experiencias históricas, que van desde el origen de fundación de lo que hoy es el municipio en lo que fue considerado como centro de la civilización zoque, hasta los vestigios estructurales que datan aproximadamente de los años mil 500.

Estos espacios atractivos, en los que se respira un ambiente de tranquilidad y pasividad por el entorno natural que ofrece el poblado, se aprecia erguido como un testigo del tiempo, el exconvento dominico, que aún en ruinas, sigue siendo uno de los mayores monumentos que causan orgullo a los chiapanecos por su arte colonial, aunque tal vez no por su historia.

El Antiguo Convento de Santo Domingo de Tecpatán, que se encuentra la región zoque del estado de Chiapas, México, es un vestigio de la gran importancia que tenía la zona en la que fue construido, debido a la creciente necesidad comercial de la región de aquellos tiempos y también aún desde tiempos prehispánicos.

De acuerdo a los historiadores del municipio en el que se encuentra asentado este vestigio, fue vital para los conquistadores españoles, el lograr controlar a uno de los mayores centros de poder de Chiapas, como lo era la cultura zoque, donde la ganadería y el mercado de diversos productos, prevalecían desde cientos de años antes de su llegada, motivo por el que les fue primordial demostrar su poderío y retomar el control de la zona subyugando a la etnia.

El desarrollo arquitectónico del inmueble, de acuerdo con los registros de los archivos existentes del mismo lugar, data de los siglos XVI y XVII, existiendo investigaciones internacionales que lo aseguran, basándose en el planteamiento de diferentes fases constructivas, como lo dejó de manifiesto en la tesis de la Universidad Complutense de Madrid, una de las prestigiadas instituciones que se han dedicado al estudio de esta estructura.

Además de los análisis por parte de expertos, de las fuentes bibliográficas y documentales, así como de las diferencias formales y estructurales que se pueden encontrar en los contextos estratigráficos enterrados, (es decir el estudio e interpretación, así como de la identificación, descripción y secuencia tanto vertical como horizontal, de las capas de rocas estratificadas) y en el alzado de la construcción.

En su interior, se pueden apreciar estructuras perfectamente erguidas de ladrillos y piedras, hoy húmedas, al igual que techos derrumbados por la embestida del paso del tiempo, que dejan entre ver los arcos de piedra que soportaban las tejas, en cuyo interior del campanario, se encuentran centenares de osamentas protegidas en nichos tal vez de frailes o sacerdotes, o tal vez, de personajes importantes del lugar.

De igual manera, se aprecian en parte del restaurado lugar, parte de viejas pinturas con las que fueron decorados los salones, pasillos o escalinatas del campanario que, pese a varios siglos de existencia, aún continúa de pie.

De acuerdo a versiones extraoficiales hechas por parte de lugareños, en las entrañas subterráneas del antiguo convento, yacen varios metros de túneles perfectamente diseñados, en los que se drenaba el exceso de agua pluvial del lugar, pero también, servían de ruta de escape ante amenazas, para frailes y servidores de la iglesia de la conquista.

En su biblioteca, permanecen con serios daños ocasionados por el tiempo, manuscritos que dan constancia de un registro de la población del lugar, así como visitas de personajes importantes de la época, que seguramente, daban constancia de la majestuosidad del lugar.

En algunos lugares de lo que queda en pie y se ha podido restaurar, permanecen imágenes de santos católicos de más de 400 años de antigüedad, a los hoy en día, todavía se les rinde culto en temporadas de celebración, por parte de los creyentes que adornan con flores y accesorios hechos y pintados a mano.

Sin duda alguna, caminar por los pasillos de este lugar, remontan a un tiempo en el que el poder de la iglesia, se manifestaba a través de este tipo de edificaciones magnas, que según el cuento de historias populares del municipio de Tecpatán, está repleto de anécdotas de todo tipo, que van desde la benevolencia de los responsables de la construcción, hasta el sufrimiento de cientos de personas que en contra de su propia voluntad, dejaron sudor y sangre impregnadas en sus paredes.

Te invitamos a visitar este bello lugar repleto de observación de arte sacro, ubicado a escasos 90 kilómetros de la capital de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, por la carretera estatal vía Chicoasén, hasta la localidad de Tecpatán, apenas adelante de otro municipio con historia especial, como lo es Copainalá.