Jvan Padilla
El afecto permanece y se despliega como el conducto para permitir la unión, tejer la trama, alimentar el vértigo de la vida y sacudir la permanencia. Hay un instinto que lleva al corazón sin voluntad a resistir, a seguir manipulando el hilo de la vida. Sentido común, energía del alma, cosa indescifrable que provoca el respiro. El respiro: soplo, energía de la que se alimenta el afecto y contiene la fe en su núcleo. La fe entendida como sinónimo de seguridad. Los tsotsiles de Carranza mantienen la seguridad de sí mismos, las tejedoras de esta comunidad se muestran seguras de su quehacer, de su sentir y de su herencia; amarradas a su telar de cintura provocan la prueba de fe.
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En Prueba de Mi Fe al Afecto emana como una proposición, tomando al arte como palabra que se define con el arte mismo, el arte como una acción o procedimiento que no se completa en objeto, si no que sucede en tiempo real y en la vida real. La obra fuera de sí, el no-arte, el anti-arte, la palabra que se coloca sin tener que recurrir a su significado, el arte que no se valida, el que existe fuera del museo, de la galería y que no depende del concepto y de la vanidad para su existencia.
Aquí ocupamos al arte como eje y prototipo, un conducto para mirar, vivir y por sobre todo sentir el afecto. El afecto de 10 mujeres, tejedoras, humanas, madres, hermanas, que se enlaza entre hilos y cuentos de color crudo, amarres, nudos y vueltas infinitas con hilos policromos que forman estelas, paisajes, poemas y universos distópicos. Historias narradas con incoherencia en inconsciencia sensata y mordaz.
“En Prueba de Mi Fe al Afecto” es un proyecto beneficiado por el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Chiapas (PECDA-Emisión 2020) en la categoría Jóvenes Creadores, Artes Visuales, Medios Alternativos. Cuyo objetivo es crear una pieza de arte relacional por medio de la práctica del telar de cintura entre las mujeres tsotsiles de Carranza, Chiapas como un sistema o trama en el que se tejen afectos que permiten un ejercicio de sanación y reflexión sobre lo que duele en la vida. Prueba de ello es la documentación de la acción que actualmente desarrollo y consiste en que diez mujeres tsotsiles tejan lienzos textiles en el telar de cintura con un método experimental. La forma de registro es primordialmente la fotografía y el audiovisual, aunado al texto (este texto mismo), el dibujo, esquemas, planteamientos, pintura, objetos, el cuerpo, entre otros dispositivos.
La mirada que se coloca ante este ejercicio proviene de prejuicios y valores artísticos, valores desde los que me he formado profesionalmente. Este juego se plantea como un aporte que analiza desde la perspectiva humana de las sensaciones y los afectos el trabajo textil de las mujeres indígenas de Venustiano Carranza, una prueba que se ilusiona con la invención de otra historia, de mi historia expresada por las manos de estas mujeres, de mis opiniones hechas tejido y que se vuelven obsequios del corazón de ellas hacía a mí. Además de ser recipientes o receptores de su fábula de dolor, despojo de lo que les hiere y recuerdo de que ese dolor existe en algún lugar del cuerpo y la memoria.

Un análisis que no pretende la objetivación, que no va hacía un resultado y más bien hacia la nada, fórmula matemática y científica que ocurre sin resolverse y que analiza de tú a tú la presencia del telar de cintura a través de la humanidad de cada tejedora.
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De igual forma un mensaje que se dicta para los que aun no se acostumbran a entender al arte fuera del concepto filosófico de la estética y del objeto artístico viciado como la pintura o la escultura, concepciones que son insuficientes al arte mismo. Marcel Duchamp rebasó los estereotipos sobre lo qué es el arte hace ya más de cien años. Derritió el concepto fundado en su historicidad y nos ofrece un arte que parte desde en medio, no desde la raíz, sin origen, ni principio, que existe porque existe el humano como ser sensible y porque el arte se ha vuelto un presagio inherente a la existencia de las personas.














