Parte de las milenarias fiestas tradicionales de los Zoques de Chiapas, aún se mantienen vivas y se realizan con mayor solemnidad, en áreas urbanas como la capital Tuxtla Gutiérrez y Ocozocoautla de Espinosa, o en poblados como Ocotepec, Tecpatán y Copainalá, por mencionar algunos.

Posterior a la conquista española del sigo XVI, muchas de estas actividades de amplio simbolismo en américa, fueron influenciadas por el catolicismo en las actividades de evangelización, siendo hasta nuestros días, festividades emblemáticas de nuestra entidad con toques sacros.

“Un día en el carnaval Zoque del Coyatoc (Tuxtla Gutiérrez)”

Desde muy temprano las personas se reúnen en casa de la Mayordomía Zoque, correspondiente a ese día, para iniciar con los preparativos de su fiesta de carnaval, toda aquella persona que llega al recinto, es recibida con una taza de café y unos ricos panes caseros.

Al entrar, se aprecia el altar, con flores de distintos clores y veladoras encendidas, que iluminan la habitación, previo a sus rituales tradicionales, que anuncian su próximo inicio, al aroma del incienso, copal y estoraque, proveniente del sahumerio.

Las primeras personas pasan a persignarse y encomendarse al santo patron, pidiéndole su protección durante la romería que van a realizar, por las principales calles de los barrios centrales de Tuxtla, para luego saludar a cada una de las personas que se encuentran en el interior de la casa, como muestra de respeto.

Poco a poco se comienza a llenar el lugar de adultos, jovenes y niños, todos participan, se siente una energia positiva, cargada de alegria y buena vibra.

En la habiacion de junto, comienzan a cambiarse las “suyuetzé” o “viejas” al igual que las “Alacandu o Reinitas”, que amenizan y acompañan al personaje central, el Hatajama Etzé, representando en el baile al padre sol.

Las “viejas”, son hombres vestidos de mujeres simbolizando a aquellas féminas, muertas al parir a un guerrero. Su vestimenta se compone de una naguilla a cuadros de color oscuro, huipil o blusa con tejidos zoques y un rebozo en la cabeza sujetado con un paliacate y en su mano, llevan un bastón, aludiendo a la vejez.

Las “reinitas”, van vestidas de un traje rojo semejante, al traje de las novias de los zoques de aquella época, un gorro con cuatro espejos a los lados y llevando entre sus manos a las primeras flores del árbol de sospó.

Al sonido del tambor y la flauta de carrizo, los danzantes inician con la festividad, danzando dentro del recinto para después salir a las calles.

Mientras los danzantes tradicionales zoques se integran en una comparsa administrada por el ritmo del tambor y la flauta de carrizo (dos elementos indispensables y muy representativos en las festividades de esta cultura ancestral), vecinos y transeúntes de las calles centrales de los barrios antiguos tuxtlecos, observan el paso de esta algarabía ancestral y algunos, incluso, son víctimas de las bromas que juegan las viejas en esta comparsa de felicidad y agradecimiento.

Los danzantes zoques y los invitados, ingresan a los hogares señalados previamente por su participación anterior en la mayordomía de las fiestas o por la representatividad de antiguos personajes emblematicos de estas fiestas.


En el interior, bailan frente al altar donde se resguardan las imágenes antiguas de personajes sacros o artículos artesanales, propios de la cultura zoque, hogares en los que los propietarios se sienten honrados por la visita y la algarabía provocada con los ritmos de los músicos tradicionales.

El templo de San Pascualito, el cerrito, la catedral de Tuxtla Gutiérrez, o el templo de San Roque, son algunos de los espacios públicos en los que los danzantes manifiestan una presencia prolongada, pues se presume, que anteriormente, en estos espacios existieron centros ceremoniales prehispánicos.

Pese al paso del tiempo y a las múltiples influencias culturales que esto conlleva, la presencia de los orígenes de pueblos como los zoques, en Tuxtla Gutiérrez o Coyatocmó, se hace presente en cada una de las fechas marcadas como representativas del calendario tradicional, que no obstante cada vez es menos popular para el pueblo en general, quienes preservan cargos y conservan responsabilidades de estas civilizaciones, como testigos de la cosmovisión cultural de esos pueblos, representan la simbología del sincretismo representativo de sus pueblos antiguos u originarios.

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