El potencial artístico chiapaneco, queda de manifiesto en las múltiples obras creadas por escultores y talladores de esta, que es considerada una piedra preciosa de origen vegetal, definición que pareciera una contradicción, pero que toma sentido al conocer su antecedente y origen natural.

Las obras de arte creadas por los artistas del ámbar, se convierten en piezas ornamentales de amplia aceptación y valía, por quienes gustan de apreciar el arte plasmado en la cosmovisión de cada uno de aquellos, que toman piezas de ámbar en bruto y las transforman en figuras como aves, deidades de culturas prehispánicas, imágenes mitológicas o relifgiosas, instrumentos musicales, diseños de joyería que admiten los vectores, degradados y tallados, que la imaginación y la habilidad del artista hacen posible.
Rosel González Montoya, es uno de los más destacados artistas de talla en ámbar y madera, con reconocimiento internacional, montando exposiciones ante personalidades de gran importancia como su santidad, el Papa Francisco.
En entrevista, González Montoya, asegura que las imágenes que logra representar con su trabajo en piezas de ámbar, nacen de su corazón antes que del cerebro, pues trabajar con una resina fósil que contiene un amplio potencial energético y espiritual, lo hace un objeto místico y la inspiración viene como por arte de magia.

Asegura que los jóvenes artistas que inician con una trayectoria, a quienes calificó como artistas natos, deben aprender a ver a su alrededor con los ojos del alma, para poder encontrar la inspiración adecuada y plasmarla a través del Don que les ha sido otorgado.
Las manos de los joyeros, también crean verdaderas obras de arte dignas de ser expuestas y comercializadas en los más importantes espacios dedicados a esta actividad.
Definitivamente el ámbar en las manos correctas, se convierte en una pieza única que, desde su descubrimiento y punto de extracción, llevan implícitas varias historias; la del planeta, la del tiempo, la del humano y la del artista.





