En Bécal, Campeche, la elaboración de sombreros de jipijapa se erige como una tradición ancestral que entrelaza la destreza artesanal y la herencia cultural de la comunidad maya. Esta práctica, más que una simple actividad económica, es un símbolo viviente de identidad y resiliencia que ha perdurado a lo largo de los siglos.
La historia de esta artesanía se remonta al siglo XIX, cuando el presbítero Ignacio Berzunza, oriundo de Calkiní, introdujo la palma de jipijapa en la región tras observar su uso en el Petén Itzá de Guatemala. Posteriormente, los hermanos Sixto y Pedro García emprendieron un viaje al río San Luis en Guatemala y decidieron cultivar esta palma en la hacienda henequenera de Santa Cruz, en el municipio de Calkiní. Para 1872, Tino Chí logró tejer el primer sombrero de jipijapa en Bécal, marcando el inicio de una tradición que se consolidaría como la principal actividad económica de la localidad a principios del siglo XX.
El proceso de elaboración de estos sombreros es meticuloso y refleja un profundo conocimiento de los recursos naturales locales. La palma de jipijapa, conocida científicamente como Carludovica palmata, es la materia prima esencial. Tras aproximadamente tres años de cultivo, las hojas alcanzan su madurez y se recolectan. Estas se cortan y rayan cuidadosamente para obtener fibras finas, que luego se someten a un proceso de deshidratación con azufre, otorgándoles resistencia y flexibilidad.
Una característica distintiva de esta artesanía es el tejido que se realiza en cuevas subterráneas. Estas cavidades, resultado de la extracción de piedra caliza para construcciones locales, ofrecen un ambiente con humedad y temperatura constantes, condiciones ideales para manejar las delicadas fibras sin que se rompan. En estos espacios, las artesanas tejen a mano sombreros de diversas formas, como los estilos redondo, tropical y español.
La calidad del sombrero depende del número de «partidas» o divisiones de las fibras; a mayor número de partidas, más fino y laborioso es el tejido, pudiendo tomar desde tres días hasta tres semanas completar una pieza.
El acabado final, para sombreros de alta calidad, implica el uso de prensas especiales que dan forma al sombrero, proceso que puede extenderse desde una semana hasta un mes, dependiendo de la complejidad y calidad deseada. La versatilidad de estilos y la excelencia en la manufactura han posicionado a los sombreros de jipijapa de Bécal como productos de alta demanda en mercados nacionales e internacionales.
Culturalmente, esta artesanía es un legado transmitido de generación en generación, principalmente por mujeres mayas aunque es una actividad que practican también los hombres, quienes han mantenido viva esta tradición como un emblema de identidad comunitaria.
Económicamente, se estima que alrededor del 70% de la población de Bécal depende de la producción de estos sombreros, consolidándose como la principal fuente de ingresos de la región. Además, Bécal se ha convertido en un atractivo turístico, donde visitantes pueden presenciar de primera mano el intrincado proceso de elaboración y apreciar la dedicación y habilidad de las artesanas locales.
Los sombreros de jipijapa de Bécal no solo representan una fuente vital de sustento económico, sino que también son un puente entre el pasado y el presente, enriqueciendo el patrimonio cultural de Campeche y proyectándolo hacia el futuro con orgullo y autenticidad.






