Personaje con el don de dar vida a la madera inerte

El arte de la talla en madera, desde los orígenes de la civilización, ha sido aplicada para la arquitectura, la vida diaria y las artes decorativas; misma que se ha manifestado en prácticamente todas las culturas del mundo, dejando impresionantes vestigios de su existencia.

Chiapas y su mosaico cultural, no podrían ser ajenos a este arte, pues durante una de sus emblemáticas fiestas, queda sustento de esta destreza en el trabajo sobre madera.

En el municipio de Chiapa de Corzo, así lo hacen constar los “mascareros”, a través del tallado de las tradicionales máscaras de Parachico; son estos personajes, que por algunos siglos, han maravillado a propios y extraños de la fiesta grande de ese municipio, celebrada en el mes de enero.

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Con el uso de técnicas ancestrales, en la preparación y tallado de la madera, el proceso de la base y la pintura, así como la elección y colocación de las pestañas y los ojos, poco a poco van tomando forma, los rostros con características españolas de tiempos de la conquista, que dan vida a este emblemático personaje de “El Parachico”.

Si bien algunas versiones antiguas, contradicen la existencia de estas máscaras en el ajuar de Los Parachicos, en su vinculación con María de Angulo y el milagroso caso vivido en su familia en el siglo XVI, lo cierto es que se han convertido en un ícono cultural.

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Desde los inicios de las fiestas de Chiapa de Corzo, dedicados en nuestros tiempos a representaciones religiosas de la fe católica como San Sebastián y San Antonio Abad, han sido una incomparable pieza artesanal, fabricada por manos expertas en el manejo de la madera, como es el caso de Rafael Hernández.

Aunque parece una actividad común, lo cierto es que tienen que ser personas expertas, con el don de dar vida a lo que inicia como un trozo de madera inerte, y pasa a ser el emblema de los Chiapanecas, en su fiesta grande enero, parte de lo que hoy en día, ha sido declarado, patrimonio inmaterial de la humanidad.

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