El “vigilante” del Valle de Cintalapa

El árbol de la chimenea de la “Valdiviana”

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Las culturas milenarias, e incluso las más actuales, han tenido una serie de representaciones míticas y creencias, enfocadas a su entorno natural, tales como los árboles, por ejemplo, nuestras culturas prehispánicas, creían en los amoxoaques, un término náhuatl que quiere decir “los que tienen los libros”.

Cuenta la leyenda, que estos seres, eran conocidos como mujeres y hombres árbol, quienes habitaban los bosques y selvas de México, protegiendo a toda la naturaleza que adorna a sus hermosos y maravillosos paisajes.

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En Chiapas, por ejemplo, “Munganan”, es el nombre del “hombre de la montaña” para la provincia de los Zoques, o también llamado el “sombrerudo”, quien protege y vigila los bosques de la región, a quien, las leyendas cuentan, que han sido muchos los pobladores que lo han visto y a quien describen como un ser bueno.

El Valle de Cintalapa de Figueroa, también tiene su protector, dicen algunos, y se encuentra desde hace algunos años albergado, en la cumbre de una de las dos chimeneas de la hacienda “La Valdiviana”, anteriormente dedicada al proceso del henequén.

Desde lo alto, observa apacible el pasar de los días, es una especie de árbol comúnmente llamado matapalo o higuerote, mismo que extiende sus raíces desde lo alto, por más de 20 metros del interior de la chimenea, lo que ha causado ciertos daños a la estructura colonial, pero que ya ha sido adaptada.

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“Tiene su carácter”, aseguran los dueños de la hacienda, pues en ocasiones, a curiosos que se aproximan en demasía al guardián, de pronto los envuelven cientos de abejas que habitan entre sus ramas, ahuyentándolos de inmediato del lugar.

Si bien es cierto, ha tenido una serie de contratiempos en su estadía en la parte alta de esta chimenea, lo es también que su cuidado, ha sido exhaustivo, pues la estructura de la misma, ha sido reacondicionada recientemente desde sus cimientos, con el fin de lograr acomodar de forma delicada, a este bello ejemplar del ecosistema.

Comúnmente, estos árboles se apoyan en raíces superficiales muy largas y gruesas, desde lo alto de otros árboles, envolviéndolos por completo hasta erradicar por completo a su huésped, obteniendo por esto, el peculiar nombre de “Matapalo”, que no hace más que descubrir la forma de vida de esta especie.

Es desde este sitio, desde donde el Valle de Cintalapa de Figueroa, es vigilado, por su guardián, quieto, inerte, pero pendiente de todo aquel que opta por querer hacer daño a la biodiversidad de la zona, esperando el momento de reaccionar, cuando sea requerido, al tiempo.

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