Tuxtla Gutiérrez, que a parte de ser la capital del estado de Chiapas, es también una de las ciudades zoques que mantiene parte de sus tradiciones originarias, que preservan buena parte de simbolismos prehispánicos, pero que al mismo tiempo, se ven involucradas con una fuerte influencia católica, impuesta por los frailes presentes en la evangelización del siglo XVI.

Tal y como si el tiempo se hubiese detenido, poco a poco, se atavian los personajes que participan en esta festividad en particular, celebrada el día 29 de septiembre, originalmente dedicada al cambio estacional y al agradecimiento del maíz, pero que, gracias a la influencia europea, se fusionó con el festejo del día de San Miguel, celebrado el mismo día.


La presencia de  esta carga cultural española, ha permeado durante siglos, diversos estratos de esta entidad del sureste mexicano, por citar otro ejemplo, en el municipio de Cintalapa de Figueroa, en el ejido Rosendo Salazar, la capilla dedicada a “San Miguel Arcangel”, propiedad de la familia Toledo, es otra de esas muestras.

Algunas de las familias de origen Zoque, que habitan en Tuxtla Gutiérrez, acuden a celebrar estos festejos, acompañando a los tamboreros, al pitero, a los ángeles, a “San Miguel”, así como a los diablos o demonios, para que, al aroma que emite el humo del sahumerio, en el que el carbón ardiente quema estoraque, incienso y copalito, para ambientar el entorno, y juntos se realice la representación, en la primera de sus paradas, el templo del “Cerrillo”.

 

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