Conoce el Ritual de Choo Ba’ak

- La Limpieza de Huesos en Campeche que Conecta el Pasado con el Presente

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En la hermosa Península de Yucatán, México, la historia se teje en un mosaico de tradiciones ancestrales y legados culturales, que han resistido el paso de los siglos. Uno de estos tesoros culturales es el Ritual de Choo Ba’ak, también conocido como la limpieza de huesos, una práctica milenaria que se ha transmitido de generación en generación a lo largo de los siglos.

Este ritual es una verdadera joya del sincretismo religioso entre la cultura Maya y el cristianismo arraigado con la llegada de los españoles, y encuentra su máximo exponente en la villa de Pomuch, ubicada en el municipio de Hecelchakán, en el estado de Campeche.

La historia de este ritual se encuentra respaldada por documentos históricos, como certificados de nacimiento y escritos religiosos, que se custodian en la parroquia de Hecelchakán. A través de estos testimonios, podemos rastrear sus raíces en el sincretismo de las creencias mayas y las influencias religiosas europeas que llegaron con el virreinato.

Pero para comprender mejor esta tradición única, conversamos con Carlos Enrique Ucan Yam, promotor cultural y autor intelectual del Festival de Día de Muertos de Pomuch para el Mundo, una actividad que busca preservar la cultura de su pueblo. En nuestra entrevista, Carlos compartió datos interesantes sobre la historia y el significado de este ritual.

El corazón de esta tradición se encuentra en el panteón de Pomuch, un lugar singular lleno de detalles que lo distinguen. Uno de los aspectos más notables son los osarios, espacios donde los cadáveres de los difuntos, descansan durante 3 o 5 años, antes de ser exhumados y sometidos al ritual de Choo Ba’ak.

También existe la opción de enterrar a los fallecidos en fosas comunes, con la intención de exhumar sus restos posteriormente. Una vez que los restos son limpiados, se colocan sobre manteles nuevos, bordados con técnicas tradicionales, con el nombre de la persona fallecida escritoen él.

Estos restos se depositan en cajas de madera de 60×30 Cm, y este proceso tiene lugar entre el 25 y el 30 de octubre, justo antes de la celebración del Día de Muertos el 1 y 2 de noviembre. Según la creencia, los huesos o restos de los difuntos, deben recibir las festividades limpios y vestidos con ropas nuevas durante estas fechas sagradas.

En la primera limpieza de huesos, los restos son depositados arriba de la caja de madera, con el fin de que, después de haber muerto, les caiga el primer rayo de luz, el primer rayo de luna o la primera lluvia, todo esto dentro de una cosmovisión maya.

El panteón de Pomuch se convierte en un espectáculo de pasillos multicolores, que son un deleite para la vista. Las decenas de personas que se reúnen allí, algunas vistiendo ropas tradicionales como el hipil, añaden un toque especial a la atmósfera.

La tradición no se limita al panteón; en la villa de Pomuch, se celebra el Mehen Pixán el 31 de octubre, una tradición maya para recordar a los amigos y familiares «pequeños» que partieron en su viaje eterno.

Sin embargo, a pesar de su riqueza cultural, esta tradición enfrenta desafíos en la actualidad. Factores económicos, políticos, sociales e ideológicos, han hecho que esta práctica sea menos ejecutada y reconocida, incluso, por los propios habitantes de Pomuch. La mayoría de quienes aún realizan este ritual, son personas mayores, y llegar hasta el lugar de descanso de sus seres queridos, a menudo, implica una travesía peligrosa.

El investigador, dijo que esta actividad de la limpieza de huesos, es sin duda una tradición milenaria, proveniente de la cosmovisión Maya, de sus creencias y cultura milenaria, por lo que es importante conservarla y difundirla.

No obstante, actividades como el Festival de Día de Muertos de Pomuch para el Mundo, han unido generaciones y despertado el interés tanto de locales como de visitantes. Este evento ha ayudado a revivir y preservar esta tradición única que se ha mantenido a lo largo de los siglos.

Carlos Ucan nos recuerda que, la diversidad religiosa en el mundo, ha influido en la villa de Pomuch, lo que ha llevado a la pérdida de algunas de sus tradiciones más arraigadas. A pesar de esto, enfatiza la importancia de conservar y difundir la práctica del Choo Ba’ak, que es una tradición milenaria arraigada en la cosmovisión maya, sus creencias y su rica cultura.

La villa de Pomuch, no está sola en la preservación de esta tradición, lugares cercanos, como Zodzil, Pocboc y Tenaboo, también llevan a cabo actividades relacionadas con la limpieza de huesos, aunque el arraigo cultural no es tan profundo como en Pomuch.

En la creencia maya, se cree que los restos de los difuntos todavía tienen sentidos, como el tacto, el olfato, el oído e incluso la vista. Por lo tanto, los restos óseos se colocan de frente y en una posición vigilante.

La vitalidad de esta tradición en la villa de Pomuch se debe, en gran parte, al esfuerzo de personas como Carlos Ucanquien narró que hace 17 años, a pesar de ser nativo de Pomuch, descubrió el ritual de limpieza de huesos. Este descubrimiento ocurrió cuando entró al panteón y observó a una mujer de más de 70 años conversando con unos restos óseos, como si fueran una persona viva.

Este encuentro despertó su inquietud por compartir esta maravillosa herencia cultural con el mundo, y así, nació la agrupación «Maya Kin,» que se dedica a salvaguardar y preservar estas tradiciones únicas.

Este ritual fusiona elementos que otorgan una profunda espiritualidad, color, aroma y sabor, siendo la espiritualidad el ingrediente principal en estas festividades rituales.

En los hogares de la villa de Pomuch, se erigen altares dedicados a los fieles difuntos, desde la noche del 31 de octubre hasta el 1 de noviembre, se colocan alimentos que carecen de picante y condimentos, así como frutas y dulces, en honor a los difuntos niños. El 2 de noviembre, los difuntos adultos son homenajeados con el tradicional Pibipollo y otros elementos.

La actividad se repite 30 días después, ya que se cree que las almas de los fieles difuntos permanecen en la tierra durante ese período.

Al visitar y querer registrar la experiencia del Choo Ba’ak, es fundamental pedir permiso a los familiares que participan en este ritual. Aunque se busca difundir y promover esta actividad en su aspecto cultural, también es un momento íntimo y familiar. No obstante, es evidente la generosidad de los habitantes de la villa de Pomuch al compartir su riqueza cultural con el mundo.

Pomuch es un lugar donde las tradiciones mayas se mantienen vivas y se entrelazan con influencias de otras culturas a lo largo de los siglos. El Ritual de Choo Ba’ak es un testimonio de la riqueza cultural y espiritual de esta región de México. Es una tradición milenaria que conecta el pasado con el presente, y es un tesoro que merece ser conservado y difundido para las generaciones futuras.

El significado profundo de este ritual nos recuerda la importancia de honrar a nuestros seres queridos y mantener vivos los lazos que trascienden el tiempo y el espacio.

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