En la intimidad de las actividades festivas de Comitán de Domínguez, en Chiapas, la Fiesta de San Caralampio se alza como un faro luminoso que ilumina las raíces profundas de la tradición y la fe católica de la tierra del Balún Canan(Nueve Estrellas). Esta celebración, conmemorada por la Iglesia Ortodoxa el 10 de febrero, rinde homenaje a este santo mártir de manera única y vibrante.

La magia de la feria en honor a San Caralampio, se despliega en un tapiz de eventos que abarcan desde el 10 hasta el 20 de febrero. La entrada de flores marca el inicio, mientras que del 12 al 20, la comunidad se une en un novenario lleno de oraciones y devoción.
La culminación llega el 20 de febrero, fecha en la que la festividad alcanza su apogeo, recordando y celebrando la vida de San Caralampio.
La historia de esta devoción se remonta a 1850, cuando un soldado cubano de apellido Otero, llegó a Comitán, portando la novena de San Caralampio. El impacto de la vida de este mártir resonó fuertemente en el Señor Raymundo Solís, un nativo de Comitán. Impulsado por su devoción, adquirió la novena y mandó pintar un cuadro con la imagen de San Caralampio para venerarlo en su rancho.
En un giro asombroso del destino, la región fue azotada por una epidemia de viruela y cólera ese mismo año, pero aquellos que residían en el rancho de Don Raymundo no se vieron afectados.
Inspirado por la fe y la devoción a San Caralampio, promovió la construcción de un templo bajo su advocación, considerándolo el abogado contra las pestes. El templo fue erigido entre 1850 y 1852.
La Fiesta de San Caralampio atrae a una colorida multitud de devotos, quienes convergen desde diferentes puntos del municipio para participar en la romería. La celebración está impregnada con la imagen del Santo, acompañada de la melodía de tamborileros y flautas de carrizo, mientras la feria es organizada por la junta de festejos del barrio.
En el Chumís, un lugar emblemático, los comitecos de comunidades cercanas se congregan llevando ramas y flores para realizar la romería, en compañía del santo. Estas ofrendas luego adornan el atrio del templo, creando un tapiz de colores y aromas que simbolizan la devoción y la conexión con la tierra.
En el techo de la entrada del templo de San Caralampio, se construye año con año una estructura única con ramas de laurel y eques, una flor silvestre que realza la espiritualidad del lugar.
Lo que una vez fue un culto exclusivo de Comitán ha trascendido sus fronteras, debido a la devoción a San Caralampio, misma que ha extendido sus raíces hasta lugares como la ciudad de Tapachula, llevada por comitecos que han preservado consigo esta expresión única de fe y tradición.

En la actualidad, esta tradición se ha fusionado con la contemporaneidad, dando paso a un animado carnaval que toma vida en el mismo punto de Chumis, una vez que la imagen de San Caralampio llega a la Plaza Central de Comitán.
Este carnaval, lleno de color y alegría, se nutre con cientos de personas disfrazadas de una amplia gama de personajes, tales como: diablitos, hombres vestidos de mujer, sombrerones, esqueletos, personajes de ficción, entre muchos otros elaborados trajes, una actividad que refleja la evolución dinámica de las festividades, manteniendo viva la esencia de la Fiesta de San Caralampio en Comitán de Domínguez, una experiencia que trasciende el tiempo y las generaciones.
En el ambiente popular católico, la romería de San Caralampio, no es simplemente una festividad religiosa; es una expresión vibrante de la cultura, la religiosidad y la comunidad en Comitán de Domínguez. Los colores, la música y la devoción se entrelazan para celebrar la memoria de este santo mártir, consolidando esta actividad cultural como una joya arraigada en las tradiciones de esta tierra chiapaneca.






