Suyuetzé: Las «viejas» que custodian el caos necesario en el Carnaval Zoque

Tras la apariencia de desorden y bromas, las "viejas de carnaval" protegen el rito sagrado y celebran la vida a través de la risa.

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Suyuetzé / Primer Plano Magazine

Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón.- Dentro del complejo ritual del Carnaval Zoque de Tuxtla, existe un grupo de personajes que, a primera vista, parecen encarnar únicamente la diversión y el relajo: los Suyuetzé o «viejas de carnaval». No obstante, su función dentro del Napapok etzé es profunda y multifacética, actuando como guardianes de la fertilidad y como un escudo humano que permite la realización de la danza sagrada entre el Sol y la Luna.

Suyuetzé / Primer Plano Magazine

Los Suyuetzé son hombres ataviados con ropas tradicionales de mujer: faldas o nagüilla rebozos en la cabeza; que evocan la fisonomía de las señoras sabias de la comunidad. Representan a las ancianas autoridades, aquellas que ya han sido dadoras de hijos y que, por lo tanto, poseen la esencia de la fertilidad. Su elemento distintivo es la calabaza que llevan en las manos mientras bailan; este fruto, lleno de semillas, es el símbolo por excelencia de la madre tierra y de la abundancia necesaria para el ciclo agrícola que está por comenzar.

Suyuetzé / Primer Plano Magazine

El comportamiento de los Suyuetzé durante los tres días de carnaval es deliberadamente caótico. Realizan bromas de índole sexual, levantan sus faldas con bastones llamados «garabatos» y manchan a los espectadores con harina, talco y confeti. Para la cultura zoque, estos son los «días del caos», un tiempo donde las normas sociales se relajan y el desorden impera antes de la purificación del Miércoles de Ceniza. Este relajo no es gratuito; sirve para distraer la mirada de los espectadores y evitar que el «mal de ojo» afecte al danzante del penacho y a la niña Alacandú.

Suyuetzé / Primer Plano Magazine

La danza de los Suyuetzé se realiza en círculos, girando en sentido contrario a las manecillas del reloj. Esta dirección simboliza un retorno al origen o un movimiento contra el tiempo ordinario. A diferencia de los personajes centrales, que mantienen una actitud solemne, las viejas interactúan directamente con el público, «jugando» el carnaval y asegurando que la alegría impregne cada casa visitada. No hay un número fijo de participantes; pueden salir desde 10 hasta 100 personas, dependiendo de la convocatoria de cada grupo.

Suyuetzé / Primer Plano Magazine

Juan Ramón Álvarez Vázquez destaca que, aunque el relajo es evidente, el respeto a la figura de la mujer sabia es la base de este personaje. En un mundo globalizado donde estas expresiones pueden malinterpretarse, los grupos de Tuxtla defienden el carácter ritual del Suyuetzé como un pilar de la identidad. Al finalizar el martes de carnaval, las «viejas» se retiran, llevándose consigo el caos y dejando el terreno listo para la introspección. Su risa y sus bromas son, en última instancia, una oración colectiva para que la tierra siga siendo generosa con sus hijos.

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