En la otrora Bartolomé de los Llanos, hoy Venustiano Carranza, sus tradiciones y creencias son místicas, pues en estos territorios su cosmovisión ha sobrevivido no sólo a la horrorosa colonización, al individualismo que divulga la cultura occidental de consumismo y a la globalización que lleva consigo nuevas ideas y religiones; por ello hago, hincapié en que los totikes han sobrellevado muchos de estos factores, y de alguna forma son católicos a su manera, ya que no olvidan su pasado prehispánico.

Conocer más de este municipio fue asombroso y mediante su cultura mucho mejor, ya que pude capturar la festividad mágica de los carrerantes, hombres vestidos de blanco montados a caballo, y delante de ellos un integrante más con vestimenta blanca, pero con una máscara y un caballo de palo, que le llaman Sakil Ch’ul Anil, que significa ‘carrerante blanco’, datos escuchados por algunos totikes y enriquecidos por Darío, un gran apasionado por estas tierras, el cual me comenta que el Sakil Ch’ul Anil es el personaje principal en esta ocasión, y da a entender que representa de una forma chulesca a los latinos, y es que él me platica que aún no descubre en su totalidad el significado.

El Sakil Ch’ul Anil va por las calles galopando con su caballo de palo, gritando con gran fervor “Viva San Juan, San Pedro, San Pablo y todos sus apóstoles”, y es que precisamente el carrerante blanco es en honor a San Juan Bautista, San Pablo y San Pedro Apóstol.

La salida de esta festividad es en el templo de San Pedro (recinto construido el 12 de septiembre de 1722), los carrerantes caminan por la calle principal hasta llegar a la iglesia de San Sebastián, en la cual rezan en idioma tsotsil, además de un agradecimiento a la Madre Tierra, a la cual le dan un beso como gratitud; al salir de la iglesia se dirigen a la calle para dar comienzo a las carreras que encabeza el Sakil Ch’ul Anil, quien junto con su caballo de palo corre por toda la calle, después salen a todo galope los demás carrerantes; estas carreras suelen tornarse peligrosas. Capturé el momento de la caída de unos de los jinetes, el cual al verse en el suelo se levantó, tomó un poco de pox y volvió a montar el caballo como si no hubiese pasado nada.

Al terminar las vueltas establecidas, el camino continúa de regreso al templo de San Pedro, donde los esperan con pozol, cigarrillos y más pox; el regreso por las calles sigue siendo acompañado por músicos de tambor, trompeta y flauta, hasta llegar a donde se comenzó y de nueva cuenta en el barrio de San Pedro vuelven a correr.

Dejo un poco de lo que pude capturar en este gran ritual, agradezco el recibimiento de Daniel y Darío, aprendí mucho de ustedes, camaradas.

Texto y fotografía: Hugo Nandayapa
Edición: Marivel Aguayo