“El encanto” de una fractura geológica

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En Chiapas existe una fractura geológica que se formó hace aproximadamente 80 millones de años, si alzas la vista a los costados de él te sentirás un ser minúsculo, se cubre de una frondosa selva mediana tropical que se atiene a dos gigantes paredes de roca caliza de hasta 400 metros de altura. Éste colosal cañón alberga un río pedregoso que se extiende a lo largo de sus 80 kms de largo.

Conforme caminas encuentras partes más inundadas, a momentos te las arreglas para librar algunos rápidos, ya sea nadando o saltando entre piedras pequeñas, medianas y alguna que otra a la que te atreves a escalar, las playas lucen pedregosas con tramos que te obsequian la suavidad ideal para un pequeño descanso en ellas.

Estar aquí comienza a parecerte una experiencia sensorial, reconoces una mezcla mágica entre el sonido de canto de las aves, el diverso paisaje sonoro del río, el vaivén de los insectos, el viento, la selva tropical que llena tus ojos de su refulgente verdor y el sabor de tu comida salpicada con algunos granos de arena.

El 27 de enero de 2017 viví por primera vez esta experiencia, partimos a la tierra “Coiteca” (Ocozocoautla de Espinosa), el transporte nos llevó hasta una entrada conocida como “Don Cosme”, ésta te conduce a una impresionante Cascada nombrada por Don Miguel Álvarez del Toro como “La Conchuda” y que está situada en este mismo cañón. Comenzamos un descenso calculado en 45 minutos y en seguida una caminata por el río de 2.5 km de paisaje casi jurásico, era en definitiva lo más increíble que hasta el momento había visto y vivido.

La cascada es espectacular, su telón blanco se precipita por una de las paredes del cañón, con piedras montadas de las maneras más caprichosas posibles. En cuanto pudimos verla corrimos a los pies de la cascada, en donde se apreciaban tonalidades turquesas en las partes hondas, subimos un poco y pudimos presenciar una piscina natural de color turquesa, era como un primer escalón de reserva de agua, previo a su precipitación definitiva por el suelo.

Esa noche convivimos alrededor de una fogata, con bombones, carne asada y algo de Pox, a la mañana siguiente los primeros rayos del sol iluminaban tímidamente el paisaje. Desayunamos y nos apresuramos a subir con ayuda de una cuerda por un lateral de la cascada, fué cardiaco pero valió la pena poder conocer la laguna “El Encanto”, situada justo encima de “La Conchuda”, esta laguna tiene su propia cascada con tonos turquesas que le da un toque paradisiaco.

 

Bajamos a eso de las 12:00 y nos dispusimos a caminar con el río en contra por 2.5 km, para volver al lugar por donde descendimos inicialmente, ahí nos esperaba el transporte para devolvernos a cada uno a nuestras realidades, el regreso tuvo una carga de emociones que aligeraban nuestras pesadas mochilas, el dolor de piernas, el calor, la insolación y todo lo que pudo habernos costado ir hasta ese lugar sin previa preparación, fueron las facturas que uno pagaba gustoso de haber vivido tal experiencia.